Emilio: cuando la vida se complica y ya no te reconoces a ti mismo

Edu Barrecheguren
13 de enero de 2026

La historia de Emilio es la de una persona que sabía lo que era cuidarse, y lo había hecho parte de su vida anteriormente, pero el COVID y una nueva relación de pareja dieron lugar a cambios en su rutina diaria.

Poco a poco se fue dejando hasta que sintió que se había alejado demasiado de la versión de sí mismo con la que se identificaba.

Su objetivo al contactar con nosotros no era solo verse mejor, iba más allá. Quería recuperarse a sí mismo, sus hábitos, su salud, su disciplina… y con ello volver a construir un estilo de vida acorde a sus objetivos y sostenible a largo plazo.

A continuación él te cuenta su historia.

¿Cómo estabas antes de empezar en DOCE?

En ese momento tenía pareja y llevaba prácticamente más de un año sin hacer deporte. Yo siempre he sido una persona muy activa, había entrenado mucho durante años, y de repente me veía y no me reconocía a mí mismo.

Hasta el COVID entrenaba siempre en el gimnasio. Con la pandemia dejé de ir porque no quería entrenar con mascarilla, empecé a entrenar en casa con kettlebells y más o menos lo mantuve. Pero con el día a día, la relación y el estilo de vida que llevaba en ese momento, fui dejándolo poco a poco.

Ella no hacía deporte ni se cuidaba, y sin darme cuenta me fui dejando arrastrar. Yo siempre había sido justo lo contrario, y verme ahí fue duro.

“No me reconocía a mí mismo. Había perdido un poco mi esencia”

¿Qué fue lo que te hizo decidir que tenías que cambiar?

Fue un proceso, no un momento concreto.

Durante el verano de 2021 me di cuenta de que había perdido las riendas de mi salud y de mi forma física. Bebía alcohol, no entrenaba… Estaba justo en el lado contrario de la persona que yo quería ser.

Yo siempre he tenido claro que en la persona que quiero ser están el deporte, cuidarse y la buena alimentación. Y ahí no estaba.Ese verano dije: “de aquí no pasa”. Necesito retomar esto y hacerlo bien.

¿Qué papel jugó el deporte en ese momento personal?

Fue clave.

La relación se terminó y empecé a centrarme en mí, en cuidarme y en recuperar lo que para mí era importante. El deporte fue también una forma de apoyarme en un momento complicado, de volver a construir algo sólido cuando todo lo demás se estaba moviendo.

Antes de empezar con DOCE, ¿qué era lo que más te frustraba?

Más que el físico en sí, era verme y pensar: “este no soy yo”.

No era solo ir o no ir al gimnasio. Era sentir que me había alejado de mis valores, de mi forma de vivir y de cuidarme.

Eso fue lo que más me frustraba conmigo mismo.

“El Emilio que veía no era el que yo quería ser.”

Al ser un servicio online, ¿tuviste dudas antes de empezar?

La verdad es que no.

Yo seguía a Edu en Twitter desde hacía tiempo y veía cómo comunicaba, cómo explicaba las cosas y los resultados reales que compartíais. No me parecía nada exagerado ni artificial. Durante semanas, incluso meses, estuve viendo casos de otras personas y pensé: “esto es justo lo que necesito”.

Alguien que me acompañe, que me saque de casa y me haga volver al gimnasio con una estructura clara.

¿Cuándo empezaste a notar que el proceso funcionaba de verdad?

Diría que al primer mes, mes y medio.

Yo me puse en modo muy radical al principio. Pensé: “si esto funciona, lo voy a hacer perfecto para ver hasta dónde puedo llegar”. Y lo hice así.

Los resultados llegaron rápido y, además, la gente de mi entorno empezó a notarlo. Al principio había presión social: “¿por qué no bebes?”, “¿qué te pasa?”. Pero poco después llegaron los comentarios de sorpresa.Ahí pensé: “vale, esto funciona de verdad”.

Foto de Emilio en la semana 6 en DOCE.
Foto de Emilio en la semana 12 en DOCE.
Foto de Emilio en la semana 26 en DOCE.

¿Recuerdas algún momento claro en el que dijeras: aquí está pasando algo?

Sí. A los dos o tres meses.

La gente me decía que se me notaba muchísimo, sobre todo en la cara y en el abdomen. Yo también lo veía en las fotos de progreso: iba perdiendo tripa, marcando abdominales y notándome cada vez mejor.

Verlo reflejado en fotos fue clave para reafirmarme.

Al ver los progresos en las fotos fue cuando dije: esto va en serio.”

Mirando atrás, ¿de qué te sientes más orgulloso de todo el proceso?

De haber construido hábitos y disciplina, hasta el punto de que entrenar ya no es una lucha mental.

No me levanto pensando “tengo que ir al gimnasio”. Está tan integrado en mi vida como dormir o comer. Nadie se cuestiona si tiene que dormir; pues para mí entrenar es igual.

También estoy orgulloso de haber aprendido a regular. Al principio quería hacerlo todo perfecto, pero entendí que eso no es sostenible si no eres deportista profesional.

Aprender a hacer las cosas bien el 80% del tiempo y permitirte vivir el otro 20% ha sido uno de los mayores aprendizajes.

¿Hubo algún cambio que no esperabas y que terminó siendo clave?

La motivación que se genera al ver resultados.

Es un círculo que se retroalimenta: ves resultados, te motivas más y haces más de lo que funciona. Para mí eso ha sido fundamental.

Siempre digo que ojalá existiera un proceso así para otros ámbitos de la vida, donde sigues los pasos y sabes que los resultados llegan.

Después de más de dos años, siento que tengo una especie de “interruptor”: sé cuándo apretar y cuándo relajar, sin perder el control.

Si alguien está ahora mismo donde tú estabas antes de empezar, ¿qué le dirías?

Que confíe en el proceso.

Si sigues las pautas, los resultados llegan. No falla. Pero no puedes buscar atajos ni el camino rápido.

También le diría que no se obsesione con hacerlo perfecto. Que se marque un nivel de adherencia realista y lo cumpla siempre.

Hacerlo bien el 100% del tiempo no es necesario. Hacerlo bien de forma constante sí.

No hace falta hacerlo perfecto, hace falta hacerlo constante.

¿Y hoy, cómo encaja todo esto en tu vida?

Hoy entrenar y cuidarme forman parte de mi identidad. No es una obligación ni algo temporal.

No se trata de un arreglo rápido, sino de haber construido un cambio duradero y sostenible. En mi caso, el detonante fue un momento personal concreto, pero el objetivo siempre fue mucho más grande: salud a largo plazo y calidad de vida.

Reflexión final

La vida no siempre es fácil, tiende a complicarse cuando menos lo esperamos y nos desvía del camino que teníamos marcado.

Y lo peor es que poco a poco nos vamos alejando de quienes éramos y queríamos ser, pero si nos damos cuenta podemos revertirlo. 

Solo nos hace falta un porqué.

Todos tenemos un porqué, aunque no siempre sea fácil identificarlo o admitirlo.

Para Emilio fue recuperarse a si mismo, y el fin de su relación de pareja le llevó a quererlo con aún más ganas y a apoyarse en el deporte en ese momento personal complicado.

Para ti puede ser otro motivo distinto. Encuentra tu porqué y úsalo.

¿Quieres saber, libre de compromiso, si con tu situación podemos ayudarte?

Habla con nosotros a través de WhatsApp o, mejor aún, agenda una llamada. Lo que tú prefieras:

QUÉ INCLUYE DOCE+

¿A qué puedes aspirar?

Ver más transformaciones
Ver más transformaciones

ÚNETE A DOCE.
EMPIEZA TU CAMBIO HOY.

69

cada cuatro semanas

¡EMPIEZA HOY!
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.